miércoles, 16 de enero de 2019

De virus, contagios y libertades


Suponemos que gran parte de la población sabe leer y escribir, sin embargo pocas personas leen realmente lo que están viendo en formato de texto y pocas personas son conscientes del alcance de sus palabras cuando escriben.

El acceso a la información parece ser libre, a través de internet y redes sociales: podemos visitar galerías de arte, visitar bibliotecas, hacer cursos virtuales y descargar más libros de los que tenemos tiempo de leer.  Pero, ¿somos libres de elegir qué leer?

Cuando aún no existía internet, los gobiernos y los grandes capitales manejaban el pensamiento popular a través de los diarios, los dibujos animados, los programas de televisión y los materiales de lectura distribuidos gratuitamente en las escuelas.  En época de guerras y hambruna, Popeye comía espinaca en latas para volverse fuerte y tener muchos músculos.  No era sólo una idea creativa del caricaturista, sino una estrategia de gobierno para que los niños consumieran verduras.
Es increíble la velocidad y la facilidad con que se comparte, se copia y se descarga información en las redes sociales.  Basta un título atractivo, una linda imagen y el usuario, la repite, copia y distribuye entre todos sus contactos; sin verificar la veracidad, la intencionalidad y el origen de la publicación y muchas veces sin leer completamente el texto o la ‘letra chica’, que viene después de la frase rimbombante.

Siempre hubo un dicho por aquí: ‘más peligroso que mono con pistola’, yo lo adaptaría y diría: ‘más peligroso que ignorante con redes sociales’.

¿Cuántas frases o citas hay dando vueltas en las redes de autoría dudosa?  Alguien que no lee, no estudia y no se instruye, poco puede saber quién era Churchill o si Putin realmente escribió tal o cual historia.  En el 2019 es mucho más fácil tener acceso a tecnología de última generación que a una formación académica;  sin embargo, esa misma tecnología podría darnos la posibilidad de aprender todo aquello que no sabemos, e investigar si aquello que compartimos tiene alguna validez.

No sólo parecemos estar en una era líquida donde ‘no hay tiempo’ para leer atenta y detenidamente un texto completo, sino que tratamos con demasiada liviandad el propósito de un mensaje.  Una palabra puede herir, alcanzar, destruir o dañar, pero también puede enfermar.

No es ninguna coincidencia que la palabra virus se use tanto para un microorganismo  que causa enfermedades, como para un programa informático que puede reproducirse y transmitirse sin que el usuario lo sepa y causar alteraciones en los programas instalados en su computadora.  Tampoco es casual que se le llame 'viral’ a un video o una publicación en las redes que se reproduce o se comparte infinita cantidad de veces en menos de una hora.


La publicidad subliminal, los medios manipulados y las comunicaciones digitadas infectan el pensamiento de las personas y los privan de su libertad cuando ‘convencen’ de qué compartir, de qué hablar y sobre qué discutir.

Creer que todo lo que dicen las noticias y se publica en internet es totalmente cierto es tan peligroso como creer que todas las personas que comparten publicaciones en redes sociales lo hacen de buena voluntad.

El cerebro humano es tan frágil, que la liviandad con la que transmitimos un mensaje, puede enfermar a muchas personas.  Basta multiplicar un artículo ‘periodístico’ que asegura que hay determinado virus en una ciudad, para que las personas inmediatamente se aprendan la lista de síntomas, el miedo se multiplique y la actitud mental de los ‘infectados’ por un simple mensaje, determine que comiencen a sufrir síntomas parecidos y actúen desde la paranoia.

Incluso las conversaciones entre amigos, las discusiones familiares y los distanciamientos por desacuerdos están regidos por publicaciones de moda en las redes sociales o en los medios de prensa.

Tomamos posturas, juzgamos, condenamos y nos involucramos en bandos que fueron determinados de antemano por organizaciones invisibles que digitan nuestra ideología y nuestras decisiones.

Conozco gente que elige alejarse de las redes sociales y salirse de internet como un símbolo de protesta contra el sistema, porque dicen no soportar las publicaciones morbosas, la negatividad y la agresividad de mucha gente.



Creo que la verdadera rebelión es estar  ‘presente’ en las redes, ‘leer’, tomarse el tiempo, prestar atención, sembrar luz y amor;  ‘vacunarse’ contra el virus de la ignorancia, las ‘infecciones de mala voluntad y agresividad’; aprender a distinguir la verdad de lo que no lo es; dejar de ‘seguir’ a quien no aporta nada positivo en nuestra vida y tomarnos el tiempo de leer ‘la letra chica’ o interpretar entre líneas.

Hay tanta gente allí afuera tratando de convencernos de algo, que perdemos de vista lo que realmente importa, lo que en verdad necesitamos; y dejamos de ejercer la libertad de discernir, pensar y sentir desde nuestra esencia original y única.

Susana Lorenzo
Sembrando, siempre sembrando, porque basta con una persona que despierte, para que ella despierte a otros.
Enero 2019 

Para tener en cuenta:

  • Nuestros pensamientos pueden enfermarnos o sanarnos.  Si decidimos creer que algo nos enferma, seguramente lo hará.
  • El pensamiento es energía y la energía se transmite y se manifiesta.  Así como muchas personas orando por un enfermo, pueden invocar a Dios y ayudar en su sanación; de la misma manera, los malos pensamientos multiplicados afectan el devenir de nuestras vidas y de quienes reciben nuestros pensamientos.
  • La intencionalidad del mensaje puede transformar una palabra en un misil, en un bálsamo, un puente o una daga.
  • El camino de bajada es siempre más rápido, el camino de ascenso a la montaña es siempre lento; saca tus conclusiones.
  • Los pensamientos negativos, las palabras dañinas y el silencio cómplice contribuyen a que aquello contra lo que luchamos, se vuelva más poderoso y se nutra de nuestras propias oscuridades.
  • La siembra silenciosa de palabras bonitas, publicaciones edificantes, reflexiones que inspiren y verdades pequeñas; puede parecer cursi, inútil o incluso insignificante ante la magnitud de todo aquello que ‘nos venden’.  Sin embargo, esa pequeña siembra, hecha desde el alma y con el corazón, puede contagiar a otros que aún están dormidos y necesitan despertar o quitarse las vendas de los ojos.
  • Lee, enseña a leer, comparte lecturas y descubre diferentes miradas, cristales y vendas invisibles.
  • La energía es una sola, tú decides qué clase de canal eres, qué disfraz vistes o que desnudez usas como bandera.
  • La verdad es una sola, cada quien la mira desde una perspectiva diferente, con vendas de diferentes grosores y a veces con lentes empañados.
  • Cuida el uso responsable de tus palabras, de tus silencios y de todo aquello que compartes en las redes sociales. 
  • No seamos una turba a merced de ejércitos invisibles ni una multitud de ovejas que no distinguen entre lobos y pastores.
  • En realidad, si leyéramos bastante, aprenderíamos mucho de los lobos y menos de las ovejas.
  • Estar presentes con todos nuestros sentidos, habitando cada momento, es la única manera de crear relaciones humanas más allá de una civilización de cemento, tecnología y acero.
  • La mayoría de los Diarios 'on line' no realizan trabajo periodístico, simplemente copian o editan notas que leyeron en internet.

Susana, divergente
Susannah, jardinera del universo



jueves, 7 de junio de 2018

Sobre coherencias, corderos y fanatismos


Una y otra vez nos sumamos a algún bando, discriminamos, juzgamos, condenamos, señalamos y hasta negamos el saludo a quien no piensa igual que nosotros, porque de algún modo, cada quien se cree dueño de la razón y su verdad prevalece sobre el otro.



Hay una palabra clave que nos falta: respeto, como aceptación de la pluralidad e individualidad de cada persona.  En este país nos gritamos, nos agredimos, nos condenamos desde veredas opuestas, como hinchas en una cancha.  Nos divide la política, el futbol, los derechos humanos, la vida, la muerte, el aborto, la sexualidad, la religión, el color de piel, nuestros ancestros, nuestro poder adquisitivo y hasta la inclinación por el asado y el fernet.

Cualquier persona que piense diferente, sienta diferente, milite en otro partido político, practique otra religión o se atreva a emitir una opinión diferente a la nuestra, podrá ser agredido, discriminado, aislado, segregado o reprendido de alguna manera.
No tenemos coherencia ni identidad.  Dejamos que los gobiernos y los medios de prensa nos lleven como corderos y pongamos nuestra atención en el conflicto de turno.  Lo que se pone de moda en las redes (o que los medios ponen de moda), es lo que nos ocupa y nos enfrenta.  Dejamos de hablarnos con el vecino y nuestro compañero de trabajo, bloqueamos a alguien en las redes sociales o insultamos textualmente a esa persona por atreverse a contrariar nuestras creencias.

No estoy a favor del aborto, pero no soy quien para juzgar o condenar a otra mujer.  Cada mujer cargará con sus heridas físicas, emocionales y energéticas; esa será su gran condena, no necesita más.  En este país y en esta sociedad machista, nuestro útero y nuestros órganos sexuales son menospreciados, manipulados y profanados de muchas maneras.  No sólo mueren y sufren mujeres por abortos, también mueren y sufren mujeres por violencia obstétrica, por prácticas ginecológicas regladas por hombres que poco saben (más que lo que leen en los libros) del funcionamiento femenino. Somos, para la mayoría de los medios, sólo un pedazo de carne, un aparato reproductor o un elemento de placer, arriba de una camilla, de una cama o sobre el piso frío y duro.


Cuando tenía 20 años me quedé embarazada de mi primera hija.  Su papá en ese momento me pidió que averiguara para hacerme un aborto.  Yo no quise,  pensé en escaparme con mi embarazo y un bolso.  Cuando se dio cuenta de que no abortaría bajo ninguna circunstancia y cuando las familias supieron, decidió que era mejor casarse.  Tuve un embarazo hermoso y un parto que disfruté porque tuve la suerte de tener un médico que me guió durante todo el proceso para que no fuera doloroso; pero mis momentos después del parto, fueron una pesadilla porque siempre he tenido complicaciones con las placentas y el útero.  Después de ese primer parto, me hicieron dos legrados, sin que la anestesia hiciera efecto.  Hasta el día de hoy recuerdo la sensación.  Esa primera vez me hicieron 7 transfusiones.  Con mi segundo hijo, exigí un anestesista en la sala listo para actuar, así fue cuando me hicieron un legrado después del parto, recibiendo transfusiones también.  Con mi tercera hija pedí una cesárea porque mi cuerpo ya no resistiría más.  Era un caso ‘fuera de manual’.

Tengo tres hijos, fruto de aquel matrimonio poco feliz.  Ninguno fue buscado o celebrado por mi esposo en ese momento.  Usar métodos anticonceptivos no estaba en sus planes económicos y mi salud poco le importaba.  Cuando nació mi tercera hija, mi médico decidió regalarme un DIU para evitar que quedara embarazada.  Jamás se me cruzó por la cabeza abortar, siempre los esperé con amor, les cante, les hablé y traté de que el ambiente poco propicio los afectara.  Fue mi decisión y no la cambiaría.  Con 23 años ya tenía tres hijos y varios problemas de salud.


Las cicatrices de nuestro útero no sanan fácilmente ni rápidamente.  Hay huellas invisibles que nos afectan emocional y físicamente.  La manipulación de nuestros órganos femeninos, el abuso, la agresión, la violencia, la falta de respeto y los embarazos demasiado seguidos sin dar tiempo a reponerse, nos marcan para toda la vida.  Eso también debería importar y debería respetarse, porque luego tenemos enfermedades, como endometriosis, quistes, fibromas o cáncer en el peor de los casos y la primera solución sugerida es quitar esos órganos que ya no sirven para reproducir, con efectos colaterales que inciden drásticamente en nuestro metabolismo y nuestra salud psicológica y energética.

En mis más de 30 años de visitas a ginecólogos y obstetras (mis primeras visitas fueron en la adolescencia porque tenía hemorragias y periodos dolorosos), pocas veces he sido tratada con respeto, como un ser con emociones, alma y espíritu.  Pocas veces he sido atendida desde un enfoque integral, donde como ser holístico, nuestras emociones y nuestras energías afectan  el comportamiento de nuestras células, órganos y hormonas.  Todas vamos a un consultorio donde aplican una sola receta para todas sin mirar o atender a síntomas específicos o situaciones de vida o trauma individuales.

Cuando comencé a escribir, hablé de coherencia.  En este momento el aborto es un tema urgente, aparentemente, vaya a saber por qué razón.  ¿Y qué pasa con el suicidio y la eutanasia?

Si una mujer tiene derecho legal a abortar porque es su cuerpo, entonces, cualquier persona tiene derecho a suicidarse, porque es su cuerpo.  Si una persona está en estado ‘plantita’, como digo yo, y sufre humillación, manipulación y dolor cada segundo de su vida, ¿por qué no puede elegir una buena muerte con dignidad y respeto?

Si hay que salir a las calles a defender la vida de los niños por nacer, ¿qué pasa con tantos ancianos depositados en asilos inmundos que lucran con sus jubilaciones y los tratan peor que a perros?  ¿Qué pasa con tantos niños que pasan frío y hambre y son usados y abusados por su entorno familiar?  

¿Por qué no hay manifestaciones por los suicidas?
¿Por qué no hay manifestaciones por los enfermos terminales que ruegan por su muerte?
¿Por qué no hay manifestaciones por los miles y millones de ancianos que viven peor que en un campo de concentración?
¿Por qué no hay manifestaciones por los niños que no conocen nada bueno de la vida?

No creo en las huelgas, no creo en los paros ni piquetes, no creo en las pintadas, ni en las marchas.

Creo en el trabajo silencioso que cambia las realidades, que educa las mentes, que llena de compasión los corazones y que siembra semillas de respeto.
No elijo un pañuelo verde o un pañuelo celeste, no condeno a quien piensa o vive diferente.

La única religión es el amor y en el abrazo compasivo de nuestro corazón reside la esperanza de que ocupemos el tiempo en buenas obras que cambien el mundo en que vivimos.

Junio de 2018
Susana Lorenzo
Derechos Reservados





¿Creés que el aborto es un tema urgente? No te preocupes, me dijo un taxista que unos días comienza el mundial.  Las redes sociales y las conversaciones cotidianas cambiarán de rumbo y las banderas serán todas celestes y blancas.

¿Participás de las marchas gastando tiempo y dinero para convencer a otros?  Usá la tela para hacer sábanas, o camisas o vestidos.  Usá el tiempo para ocuparte de otras vidas que necesitan tu atención.  Usá el dinero para ayudar a quien pasa hambre y frío.




miércoles, 7 de marzo de 2018

Yo no paro, yo me levanto - #8M



El paro, el piquete o la huelga no son métodos con los que yo esté de acuerdo.  Creo que hay otras maneras de reclamar, pedir, hacer valer o manifestarse sin perjudicar a otras personas.  Porque mi derecho termina donde comienza el derecho del otro.

En esta sociedad machista, no sólo por culpa de los hombres, sino también por culpa de mujeres que crían machistas, nos queda mucho por aprender, cambiar y respetar.

Creo que parar, desaparecer y tomar una actitud pasiva no es la manera apropiada de hacer valer nuestros derechos como mujer.   Si apago la luz para reclamar por más luz, en realidad, estoy aumentando la oscuridad.

En el día de la mujer propongo que todas las mujeres hagan valer su energía femenina y la hagan visible y manifiesta en toda actividad que hagan.  Yo, por ejemplo, elegiría vestirme con pollera o vestido, usaría mis tacones rojos, me pintaría los labios de ese color que nunca me animo y usaría un perfume tan femenino que nadie pasaría por alto mi presencia.

Si tuviera mis hijos pequeños, los llevaría al trabajo, para reclamar por guarderías infantiles en cada empresa o repartición.  Si estuviera en época de lactancia, llevaría mi bebé a cuestas y le daría de mamar en plena reunión de directorio.

Llenaría cada oficina con flores y detalles femeninos y colocaría en los baños dispensers con toallitas higiénicas; presentaría un proyecto con mis compañeras de trabajo para mejorar las condiciones laborales en el lugar y haría propuestas que siempre callamos.  Acordaría que todas fuéramos vestidas con colores diferente al uniforme y con vestimentas cómodas para cada quien.

Si trabajara en una escuela, les enseñaría  a los niños sobre los derechos y necesidades de las mujeres.  Si trabajara en una empresa, presentaría un powerpoint con ejemplos de inclusión y equidad laboral y profesional.

En cualquier ámbito, dedicaría parte de la jornada del #8M a educar sobre las diferencias entre hombres y mujeres,  endometriosis, fibromialgia y otras enfermedades femeninas que se agravan cuando trabajamos en lugares con malas condiciones y cuando nos recargamos más que nuestros pares varones para demostrar que valemos.

Disfruté mucho ser madre, pero tuve que sacrificar muchas horas de vida familiar para competir en un mercado laboral donde tuve que trabajar como soltera para poder mantener a mis tres hijos, como mujer divorciada sin aporte de cuota alimentaria.  Tuve que cambiar muchas veces de trabajo porque el acoso está  a la orden del día cuando se es joven, linda y se necesita el trabajo.

Cuando se deja de ser joven y linda, el acoso cesa, pero el sistema nos discrimina y nos descarta sin importar nuestra experiencia o capacidad.

Disfruto ser mujer, madre, hija, hermana, tía y abuela; aunque me asombra que a pesar de todos los adelantos y el acceso libre a la información, el machismo siga dañando a niñas y mujeres y marcando sus vidas con cicatrices que tardan décadas en sanar.

Por eso, desde mi pequeño lugar en el mundo, trabajando en forma independiente, aliento a las mujeres y niñas a leer, informarse, educarse, prepararse, respetarse y amarse.

Si quieres rebelarte contra el sistema, te invito a leer Mujeres que corren con los lobos (escribe a mi correo para recibir una copia), y a multiplicar esa lectura con mujeres que conozcas, te sugiero que participes de rondas de lectura, de círculos de danza o grupos de apoyo, te aliento a que revises la crianza de tus hijos para asegurarte de estar formando mujeres libres y sanas y varones que puedan respetar y convivir con mujeres lejos del machismo.

En todo caso, donde quiera que estés este 8 de marzo, prueba con elegir un tema musical y subir el volumen a la hora del recreo, el café o el almuerzo, invita a todas las niñas y mujeres a bailar y deja que nuestra energía se manifieste sin reparos.

Yo no paro, yo me levanto.
I am light.  Yo soy luz.
Susannah
8 marzo de 2018




miércoles, 18 de octubre de 2017

‘Por su bien’

Preceptos, decretos, sentencias, prejuicios…  Cada quien hace de su verdad una ley  y se cree con derecho de ser juez y parte en los pecados mundanos de los otros.

Ella dice que su corazón a Jesús le pertenece.  Ella cree que llevar su nombre es una cruz que carga desde que llegó a este mundo.  Ella creyó que su familia era su ley.  Ella se dejó crucificar cuando la traición terminó de lastimar su corazón en pena.

Ella cree que está pagando sus culpas y pecados según los mandos de quienes alegan ser dueños de la razón.

Por su bien, fue guardada bajo siete llaves, despojada de toda dignidad, respeto o consideración.
“Ya era hora”, decían, de aquietar su osadía, de domesticar su soberbia y amansar sus bríos de mujer independiente.  En pleno siglo XXI, aún se cree que una mujer sola es un peligro para sí misma y porque no, para los otros.

Intento recordarla altanera y desafiante.  Trato de rescatar sus manualidades, sus manos enseñándome a moldear cerámica, sus bríos invitándome a bailar folklore.  Trato de perpetuar su ayuda fiel e incondicional, sus detalles, su comprensión hacia mi propia rebeldía de mujer independiente.
Pero es casi imposible ignorar sus ojos que me miran desde un profundo pozo de desolación, sus músculos consumidos, abandonados en una cama, su cuerpo maltratado y falto de caricias, su orgullo mancillado cada día, su agobio y sus ganas de dejarse ir.  Ella que se entregó en cuerpo y alma a Dios, es manoseada, desnudada, lavada con desgano, tocada con desprecio y arrastrada por pasillos que nunca tienen salida.

Yo apenas si la miro, apenas si la toco con dulzura, apenas si le leo cosas bonitas, apenas si la abrazo, apenas si le dejo una bendición en su frente; apenas, porque es sólo un momento en esa larga e interminable agonía de días y horas que sólo esperan la muerte.

En el libro ‘La Quinta Montaña’, le dice Dios al profeta Elías, que muchas veces somos testigos de lo que sucede o sucederá, simplemente para aprender el valor de lo inevitable.  A mí, que tengo síndrome de Madre Teresa y complejo de Wonder Woman, la lección de lo inevitable se me hace casi imposible.

Sólo Dios sabe porque mis manos están atadas y porque mi corazón debe lidiar con tiranos y sometidos con la misma cuota de compasión y misericordia.

Cuando le pido a Dios prosperidad y abundancia, no es sólo para mí, andaría por la vida regalando días mágicos y muertes honorables.

Si me dejaras, querida Tía Mary, lavaría cada una de tus llagas, te envolvería en ropa bonita, limpia y perfumada.  Te traería a casa, te armaría una cama mullida con aroma a rosas, junto al altar de tu virgen protectora.  Te haría comidas y postres que te devolverían la sonrisa.  Te sacaría a pasear bajo el sol de primavera y defendería tu honor, como alguna vez lo hiciste conmigo.

Ella no pide nada, sólo una gota de cariño.  Ella no sabe que, por respetar su palabra, el océano me ahoga y mientras ella se agrieta con tanta sed; yo colapso tras un dique de silencio, rezando perdones que nadie pide.
8 de octubre de 2017
Narrativa personal / Testimonio en tercera persona

Por respeto, no incluyo una foto de la última visita al geriátrico, un lugar privado que hace negocios a cambio de la jubilación de un montón de personas abandonadas por sus familias.  Creo que un refugio para perros de la calle, cuida más de los animales y les da más cariño que estos depósitos de despojos humanos que prolongan la vida de ‘sus clientes’ sin importar sus necesidades, sentimientos o dignidad.

He decidido incluir aquí la foto de cuando la encontré en un lugar que tenía vista a la libertad y cuando ella aún estaba ‘casi entera’ y sonreía, cuando tenía su pequeño altar y aún era dueña de sus pocas pertenencias.


Apenas un montón de cristos

Tantos Cristos desparramados en cuartos que huelen a encierro y abandono.

Romanos que latigan con sus palabras y ofenden con sus manos colgajos de piel que alguna vez fueron cuerpos sagrados.

Sus ojos tienen sed de ti, Señor, y me pregunto, ¿qué hicieron para merecer tanta crueldad?
Sus bocas ya no gritan, apenas susurran, cansados de suplicar una gota de compasión.

La sonrisa es apenas un código secreto entre quienes conservan su cordura.  Los locos tienen la suerte de ya no recordar su nombre y en los laberintos perdidos se salvan de la humillación.

La buena gente paga a mercenarios carceleros que se ocupen de los despojos.

Mientras tanto, en tu nombre, las misas ignoran lo que sucede fuera de los santos aposentos.

Soledad Lorena
Susie
Con el corazón partido y rebelado
8 de octubre de 2017


miércoles, 12 de abril de 2017

Copiar es fácil

Cuando descubro que alguien copia algo de lo que hago: mi forma de divulgar contenidos, mi forma de compartir imágenes, mis palabras, mis proyectos, mis ideas o de repente hace algo que nunca hizo antes, sólo porque me vio hacerlo… entonces respiro hondo, uno, dos, tres…

Al principio me hago cargo de la bronca, la dejo que transmute la impotencia de sentirse robada, usada o duplicada como una fotocopia.  Luego pienso, que quizá,  si mi trabajo, mi creatividad, mi originalidad y mi esfuerzo inspiran a otras personas; entonces que esas semillas sean prósperas en sus sembradíos.  Se pueden ‘copiar’ ideas, proyectos, estilos y palabras, pero no se puede duplicar la energía, la intención o la eficiencia con que cada persona hace una misma cosa; y menos aún, el resultado que se logra con el trabajo realizado.
Artista: Eva Lobatón

Confesión: más que el enojo por la copia o imitación, lo que más molesta es la decepción al descubrir que colegas en los que confiamos, nos siguen en las redes sólo para copiar nuestro trabajo.

En esta época de internet y redes sociales es muy fácil hacer ‘cut+paste’ (cortar y pegar); incluso en los talleres literarios me cuesta que los alumnos hagan una síntesis, sin pegar y copiar oraciones originales del autor.

Copiar es siempre ilegal

Aún las publicaciones con derecho a copia o difusión gratuita (no para fines comerciales), aclaran que se debe citar al autor de la obra o del artículo.



Consejos para copiar


  • Si copias algo de otra persona con su propio estilo y lo que copias en nada se parece a tus publicaciones anteriores, estás demostrando falta de personalidad además de falta de ética.  Las diferencias de estilo siempre se notan.
  • Si no tenés la capacidad o la creatividad para escribir tus propios textos sobre la actividad que realizás o sobre el producto que vendés; y te ves ‘forzado’ a copiar, no dejes de indicar la fuente: autor, blog, página, etc.
  • Si hacés una adaptación de un texto escrito por otra persona, debés aclarar “adaptado del texto de….”.
  • Todos somos seres únicos y es mucho más honesto personal y profesional que te muestres tal como sos, con errores, con debilidades y fortalezas.
  • Una buena opción, en lugar de copiar y pegar, es contratar a un profesional que haga el trabajo de difusión, redacción, producción de textos y siembra en las redes sociales.  Por supuesto que al contratar a ese profesional, debés incluirlo en los créditos de tu página o esa persona debe tener  derecho a incluir tu testimonio o referencia en su página web.


Aún no hay un detector de estilos o ideas robadas, pero sí hay formas de detectar si un texto ha sido copiado:

“Esto se puede averiguar de una manera sencilla: se toma una frase del texto, se copia y se pega en el buscador de Google, pero entre comillas. Esto hace que el sistema busque dicha frase exacta y literal en Internet. Si aparecen textos con esa frase exacta, podrá determinar el plagio.”



Aprender es un camino que requiere constancia, esfuerzo, dedicación, tenacidad y la osadía de avanzar más allá de nuestra zona de confort.  Las personas a las que servimos, atendemos  o a quienes ‘vendemos’ nuestro trabajo, reconocerán nuestra impronta, nuestro color y nuestra vibración en este universo.  

Todos somos ignorantes en alguno o muchos temas, no debe ser eso una vergüenza.  Al contrario, saber reconocer nuestra ignorancia y pedir ayuda es mucho más valioso y sabio que aparentar algo que no somos.

La osadía no está en imitar a otros, sino en descubrir nuestros propios talentos y renovar nuestras aptitudes.

Susana Lorenzo ©
Derechos Reservados
Abril de 2017

“Enseñar no debe parecerse a llenar una botella de agua, sino más bien a ayudar a crecer una flor a su manera.”Noam Chosmky


viernes, 24 de marzo de 2017

Sobre la memoria, la justicia y la verdad

Marzo de 2017

Vivimos en un pueblo polarizado, 
superpoblado de reyes y tiranos dueños de la verdad.  

Respeto:La palabra Respeto procede etimológicamente del latín respectus, que significa “acción de mirar atrás”, “consideración, atención”; sugiere entonces como una mirada atenta, tomar algo en consideración. El respeto es reconocer el derecho ajeno; es el reconocimiento, consideración, atención o deferencia, que se deben a las otras personas. Es una condición “sine qua non” para saber vivir y alcanzar la paz y la tranquilidad. El respeto es un valor basado en la ética y en la moral. Una persona cuando es respetuosa acepta y comprende las maneras de pensar y actuar distintas a las de ella, también trata con sumo cuidado todo aquello que lo rodea.


Democracia:Se conoce como democracia a la forma de gobierno que se caracteriza por hacer que el poder recaiga sobre el pueblo. Es decir, que las decisiones tomadas por el Ejecutivo sean consultadas por un grupo elegido por la población. El origen etimológico de la palabra proviene del griego y significa pueblo y gobierno.


Para ser aceptado en una familia, hay que ser fanático del mismo equipo de futbol, comulgar con las mismas ideas políticas y no disentir en las formas de adorar a Dios. Expresar una opinión diferente, profesar otra religión o alentar al equipo contrincante, puede resultar en burlas, agresiones y hasta distanciamientos familiares.  Como si el amor, tuviera algo que ver con la política, la religión o el deporte.

Para la mayoría, ser Argentino significa ser un pinche tirano dueño de la razón y la verdad; con derecho absoluto a condenar, criticar, humillar y desacreditar a quien tenga la osadía de pensar diferente o de mostrar la verdad desde otra perspectiva.

Para la mayoría, ser argentino significa ser un pequeño dictador doméstico que ejerce la represión en las redes sociales, en la juntada con amigos y en las fiestas de fin de año.  Si ese ‘ciudadano democrático’ se convierte en parte de la oposición del gobierno, usará todos sus esfuerzos para desbaratar cualquier política de estado, para criticar hasta la forma en que respira el presidente de turno y sobre todo para atacar (palabra mediante) a cualquier persona que apoye a un gobierno elegido democráticamente.

Vivo en un país, donde todos quieren ser los mejores, todos quieren ser el equipo ganador, todos quieren tener el cetro del poder, todos quieren ser la iglesia que lleve más fieles a su rebaño.

Los otros: los del otro equipo, los que tienen otras ideas políticas, los que piensan diferente, los que veneran a Dios de otra manera; los otros son enemigos, los otros son la lacra de la sociedad, los otros son dignos de repudio.

A veces, miro y escucho a mi familia, a mis vecinos, a mis amigos o al colectivero y termino sintiendo que no me gusta ser argentina en una Argentina que divide, enfrenta y juzga.

Vivo en un país donde se insulta y agrede físicamente a los habitantes del país vecino, pero los pasos fronterizos colapsan en fines de semana largos, porque esa misma gente elige gastar su dinero del otro lado de la cordillera.  No invierte en su país, no piensa en el emprendedor que se esfuerza cada día, no cuida la industria nacional.

Vivo en un país donde se vocifera y se condena el ‘colonialismo’ y el uso de prendas con banderas extranjeras; sin embargo el 90% de la población usa zapatillas, tecnología y prendas de marcas extranjeras y prefiere las series de Netflix o el cine de Hollywood. Comprar a un artesano o una fábrica local no es ‘top’; hasta el motochorro sueña con comprarse unas Nike, un pantalón de tres tiras, un Iphone hecho en otro país y salir a comer a una cadena de hamburguesas Mc.  Del mismo modo, se habla de patriotismo y nacionalismo, pero el 80% de la población usa palabras como marketing, top, home theatre, I phone, tablet, corner o link, sin tener idea de cómo decir lo mismo con palabras en nuestro idioma.  Ni siquiera un 5% de la población habla una lengua aborigen, o recuerda herencia de los habitantes originarios de esta tierra.

Somos un país hecho de una mezcla de razas, hijos de inmigrantes y descendientes de colonizadores; aprendimos a defender y añorar lo de afuera, lo nuestro es de un submundo al que no queremos pertenecer.



Hemos confundido libertad de expresión con libertad de represión.  Libertad de expresión significa que yo pueda alentar al presidente democrático de turno, porque si todos sumamos, si todos aportamos, si todos miramos desde una óptica positiva, es más fácil sacar un país adelante.  Libertad de expresión es decir que no me gusta tu equipo de futbol, sin temor a que dejes de hablarme o tu enojo eleve el tono de los insultos. Libertad de expresión es rezarle a la Virgen de Guadalupe, meditar con cánticos tibetanos y abrir mi corazón para aprender de cada religión lo que alimenta mi espíritu.  Libertad de expresión es decir lo que pienso y lo que siento sin ofender ni agredir a nadie, sin temor a ser excluida de ningún grupo o comunidad.  Libertad de expresión es que tu hijo no quiera jugar al futbol y le guste pintar mandalas sin que lo trates de ‘marica’ todos los días de su vida.  Libertad de expresión es que a tu hija le guste el futbol y se suba a los árboles y no quiera ir a danza y no por eso la trates de ‘machona’.  Libertad de expresión es poder escribir un artículo o una nota editorial sin mirar sobre el hombro cuando vas a entrar a tu casa.

No alcanza con decir ‘Nunca más’, no alcanza con un feriado o dos en el calendario. Porque ese feriado será usado para ir de compras al país vecino, para un asado con los amigos, para unas empanadas en familia o para ir al ‘shopping’ a comer hamburguesas y comprar ropa de marca.  Durante ese feriado habrá chistes groseros, habrá insultos, habrá humillaciones y habrá acalorados discursos de los dueños de la verdad.

Mientras se idolatre a la ‘mano de dios’ (un futbolista que se hizo famoso rompiendo las reglas), mientras se estacione en una rampa para discapacitados, mientras se roben los insumos de la oficina, mientras alguien se haga el tonto cuando la cajera da mal el vuelto, mientras que comprar hecho en Argentina sea un bajón, mientras sigamos permitiendo que los padres manipulen a sus hijos para usar la camiseta de futbol o sumarse a la religión, mientras usemos nuestro tiempo y energía para atacar y desacreditar a quien usa su libertad de expresión; mientras tanto no estamos defendiendo la democracia. 

Mientras vivamos en este péndulo histórico de gobiernos que al bajar del sillón de Rivadavia se dedican a atacar y embarrar el camino del gobierno que sigue; mientras los partidos políticos sean una feria de vanidades y no un grupo de personas defendiendo intereses del pueblo y valores en común; mientras los partidos lleven el nombre de sus líderes y se condene a los detractores que no besan los pies del tirano; mientras tanto hay un dictador respirando en cada habitante que se cruza con una cuota de poder y soberbia.

Sueño con un país, mi país, donde podamos abrazar a los otros, sin importar su ideología, su camiseta de futbol o el altar de su casa.  Sueño con una democracia donde los ciudadanos se arremanguen la camisa, se junten con los vecinos y busquen la manera de hacer cada pedacito de este país un poco mejor.  Sueño con una familia que guarda el dedo acusador y el insulto que distancia, para estrechar los lazos y enseñarles respeto a las generaciones que nos siguen.
Susana Lorenzo



Tengo memoria
  • Nací en 1964.
  • Viví en Buenos Aires en la época en que los Montoneros (durante la Democracia) ponían bombas en los autos de la gente ‘bien’, secuestraban transportes escolares de colegios privados y participaban de tiroteos mientras yo iba a comprar el pan en el barrio donde vivía.
  • Trabajé en medios de prensa durante la época K (en Democracia), fui amenazada, perseguida y finalmente marcada en la lista negra del gobierno de turno, por expresar mis ideas, por fomentar la cultura, por tener programas educativos y por entrevistar a personas (artistas, escultores, escritores y músicos) que casualmente pertenecían a otro partido político o no eran bienvenidos por el párroco del pueblo.
  • Trabajé en una academia municipal de inglés y en un terciario de nivel superior (dependiente del gobierno) (en Democracia) y en ambos lugares fui criticada, segregada e incluso ‘invitada’ a dejar mi trabajo por no aprobar a todos los estudiantes, sobre todo si eran hijos de los funcionarios de turno, sobre todo si no acreditaban los conocimientos o aptitudes necesarias para aprobar la materia; porque en un establecimiento escolar estatal, lo que cuenta es el número de estudiantes que aprueban y no la calidad educativa.
  • Acaso, ¿una persona privada de la cultura y la educación, puede tener la capacidad de discernir y distinguir lo que significa ser un ciudadano en democracia?  Un ciudadano con bajos niveles de educación y desprovisto de cultura no puede distinguir la verdad de la farsa, es apenas un peón en la tenebrosa manipulación de los medios.
Susana pensante
marzo de 2017