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‘Por su bien’

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Preceptos, decretos, sentencias, prejuicios…  Cada quien hace de su verdad una ley  y se cree con derecho de ser juez y parte en los pecados mundanos de los otros. Ella dice que su corazón a Jesús le pertenece.  Ella cree que llevar su nombre es una cruz que carga desde que llegó a este mundo.  Ella creyó que su familia era su ley.  Ella se dejó crucificar cuando la traición terminó de lastimar su corazón en pena. Ella cree que está pagando sus culpas y pecados según los mandos de quienes alegan ser dueños de la razón. Por su bien, fue guardada bajo siete llaves, despojada de toda dignidad, respeto o consideración. “Ya era hora”, decían, de aquietar su osadía, de domesticar su soberbia y amansar sus bríos de mujer independiente.  En pleno siglo XXI, aún se cree que una mujer sola es un peligro para sí misma y porque no, para los otros. Intento recordarla altanera y desafiante.  Trato de rescatar sus manualidades, sus manos enseñándom...

Geriátricos de por aquí

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La mayoría tienen nombres acogedores con la palabra ‘hogar’,  nombres de marcas importantes o caballerizas de alta alcurnia. A simple vista y si no excedemos la estadía en más de una hora en días de visita o días de fiesta, el lugar tiene un jardín, un sector de plantas y hasta se huele perfume en el ambiente. Basta quedarse más de una hora o visitar a los ancianos en horarios o días poco frecuentes para descubrir otra realidad.  Las postales pueden variar un poco pero los detalles golpean los sentidos sin piedad y nos llenan de impotencia y espanto. Las sillas de rueda se amontonan (junto con sus dueños) en una sala comedor con una gran pantalla de televisión.  Quienes no tienen silla de rueda, están atados a sillas comunes con trapos o cintas de tela.  En un rincón los asistentes y enfermeros pueden tomar su media tarde a pesar del hedor a orín por los pañales y ropa pasados y sin cambiar. Algunos ancianos hablan entre ellos, como pueden.  Cuando llega u...