sábado, 4 de junio de 2016

Ni una más / Ni una menos

En la avenida principal, una marcha multitudinaria interrumpe el tránsito.

En las redes sociales, un audio convoca y concientiza, demostrando que la violencia de género comienza con mínimos detalles y no siempre es un hombre el que la genera.

En una parada sombría, una pareja espera el colectivo junto a sus dos hijos.

El hombre revienta un encendedor contra la vereda.  El niño patea una botella de vidrio. La niña se asusta y llora.  La madre la abraza y la consuela.  El hombre vocifera y luego le enseña a su hijo que un macho puede orinar donde le plazca.

La mujer aprovecha que otras personas esperamos el colectivo y se mueve hacia la luz y hacia la protección temporaria que da un grupo de gente desconocida.  Tiene los ojos rojos y un párpado hinchado.  Lleva el rostro agobiado de impotencia y frio.  Sujeta a la pequeña como si fuera su tabla de salvación.  El le grita y la llama para que le dé a la niña.  Ella lo ignora y mira hacia la calle.  Si el colectivo llega pronto, tendrá por un momento y hasta quizá media hora, un refugio del frío y un poco de paz.

Finalmente, el vehículo atestado como cualquier viernes en hora pico, se detiene.  Los varones suben presurosos como si la madre y la niña en sus brazos fueran invisibles.  Ella apenas alcanza a subir cuando el chofer ya retomó la marcha.

Ella quisiera ser invisible, quiere que el colectivo se pierda y Albardón se pierda del mapa.

Ella no sabe que hay una marcha, tampoco puede usar las redes.  Ella tiene tanto miedo que sólo calla y resigna.  Ella no entiende de derechos ni justicia.  Ella cree que todos sus días serán siempre grises como este invierno que se anticipa.

Yo no hice nada.  Yo no le hablé de cómo desandar el camino de la víctima.  Yo no sujeté a este tipo de la campera para que supiera que ella no está sola, ni le hice una zancadilla para que tuviera su merecido de mal nacido.Yo sólo enmudecí y quedé entumecida por el frío.Yo rogué porque ella no sea noticia mañana.Yo deseé que una noche de estas, ella no suba al colectivo siguiendo el rastro del depredador que la humilla.Yo soñé que ella cruzaba la avenida para tomar un colectivo en dirección opuesta.

El ni siquiera volteó una vez para comprobar si sus mujeres alcanzaron a subir.

Susannah Lorenzo ©
San Juan, 3 de junio de 2016