sábado, 5 de abril de 2014

La otra violencia

Hay algo peor que la violencia de género y el macho egoísta que usa los hijos como botín de guerra.

Hay una violencia invisible y silenciosa ejercida por la sociedad cuando la mujer que intenta salir de ese círculo vicioso, queda a la deriva con sus hijos a merced de la caridad, la suerte o la providencia divina.

Es también una forma de violencia cuando la sociedad condena, juzga y critica a la victima y se cobra sus errores.  Cuando no hay redes de contención ni ayuda.  Cuando hay muchas palabras y pocos hechos.  Cuando las oraciones comienzan con “deberías”, pero no hay una intención de comprender y actuar desde la compasión o la empatía.

Es una forma de violencia cuando el sistema que abarrota los medios de campañas de concientización, no teje las redes necesarias para que una mujer sola con hijos, pueda trabajar y vivir dignamente sin renunciar a sus derechos de madre, sin que sus hijos pierdan el derecho de crecer con su mamá.

Es una forma de violencia cuando no podés alquilar porque tenés niños.  Cuando alguien te promete ayuda a cambio de que abandones a tus hijos.  Cuando te ofrecen trabajo a cambio de favores especiales porque juegan con la desesperación y la necesidad. Cuando en la escuela de tus hijos te discriminan porque estás sola para todo: trabajar, proveer techo, comida, educación, vestimenta, bienestar y salud y además de eso tenés que ser una buena y amorosa madre y suplir los vacíos de un padre biológico que nada sabe de las necesidades de los niños.

Toda mujer golpeada es consciente de sus errores.  No es víctima por elección, sino por miedo, inseguridad, ignorancia o por razones económicas.  Todas sabemos que cometimos errores, que nos equivocamos al tener hijos con la persona equivocada, pero nuestros hijos no son el error.  Pagamos nuestros errores con nuestras heridas, con nuestras penas, con nuestras privaciones, con nuestra humillación y con impotencia; por eso no necesitamos que nadie nos pase factura de nuestros propios errores, ni venga a cobrarnos, todo lo que hicimos mal o lo que no pudimos hacer a tiempo. 

Todas sabemos que fue difícil salir, que sin ayuda no se puede, porque allí afuera nadie tiene idea de cómo se hace para tener trabajo, pagar el alquiler y las cuentas, comprar la comida y ser buena madre intentando que no les falte nada a nuestros hijos (ni material ni emocional).  El huevo o la gallina:  Para alquilar hace falta un buen trabajo, recibo de sueldo y dos garantes.  Para trabajar hace falta un lugar donde vivir y con quien dejar los hijos y que estén seguros.  Muchas mujeres se cansan y se rinden, o vuelven con el abusador o intentan buscar una nueva pareja que haga de proveedor y facilite la supervivencia.

En este país tan democrático y donde el discurso está centrado en los derechos humanos y la igualdad de género, las mujeres que criamos solas a nuestros hijos aún tenemos que remar contra la corriente.  El sistema completo está diseñado para madre y padre, dos madres o dos padres, pero no está diseñado para mujeres solas que hacen de madre y padre, tienen que trabajar y resolver todo.

Alguna vez, intenté explicarle a alguien que todavía no entiende, que ser madre sola con hijos es como tomar decisiones con un revolver en la cabeza.  Es un estres y una tensión permanente el decidir y resolver todo sola.  Muchas veces, dada la limitación de posibilidades, una sabe que lo que está eligiendo es lo menos malo, pero sabe que no es lo mejor ni lo ideal.  Hacemos lo que podemos.

Está bueno decir No a la violencia de género, está bueno decir No a la trata.  Pero estaría mucho mejor decir Sí a la dignignidad, al respeto, a la igualdad de condiciones y posibilidades, a la contención y a la comprensión, a la seguridad y a la decencia.

Porque aquel que discrimina, el que juzga, el que puede hacer algo pero no quiere, el que mira para otro lado, el que predica con palabras pero cobra facturas ajenas,  el que extorsiona y el que no reconoce los derechos de los otros; termina siendo cómplice del maltrador y del abusador.  En el peor de los casos, el silencio y la indifenrecia cobran cadáveres de mujeres y abusos de menores.  Sólo entonces, la gente se horroriza para simplemente, volver a buscar otros culpables.

Susie
Abril 2014

Nota: En serio, te lo digo, si no lo viviste, podés imaginar o  tener una vaga idea, pero puedo asegurarte que no hay modo de que realmente puedas entenderlo en toda su dimensión.  Sólo un corazón compasivo puede llegar a comprender sin entender desde la razón.  Aún así, hay que haberse salvado de la pesadilla y luego tomar el camino más difícil (el de no prostituirse por casa y comida, aunque sea con un marido decente) para realmente saber de qué se trata.

Pensamiento en voz alta: a unos días de Semana Santa, pienso que a pesar de los avances tecnológicos, nada ha cambiado.  Todavía hay fariseos en los templos, todavía hay gente que se pone de acuerdo para apedrear en el nombre de lo correcto, todavía Jesús es una palabra, todavía el poder sigue en manos de injustos y canallas, todavía hay quienes abuchean a quienes cargan su cruz, todavía hay quienes condenan al que habla con la verdad.  Más aún, todavía las mujeres no hemos aprendido el camino.  Porque mientras haya mujeres que negocien, se vendan y se presten al juego de poderes, los hombres seguirán creyendo que es normal y válido.