martes, 18 de octubre de 2016

Ser linda y joven estresa



(Por tu culpa, por tu grandísima culpa)








Si fuiste criada en la vieja escuela patriarcal, te inculcaron de niña que todos los hombres son malos y que hay que evitar el contacto cercano con esa especie.  Entonces, aprendiste a desplazarte en zigzag cruzando de vereda si distinguías dos o más varones de cualquier edad.  Antes de entrar en la adolescencia ya dominabas el arte de caminar con la mirada baja, escondiendo tus curvas para no provocar a nadie.

En la adolescencia aprendiste que un equipo de gimnasia puede causar un manoseo en la calle, que una minifalda es una bandera de provocación y que el ‘no’ no alcanza si tu novio fue criado en la misma escuela patriarcal.  También entendiste que el silencio es sano, una denuncia siempre volcaría la acusación en tu contra.

Si sos joven y linda te volvés una estratega en el trabajo, dominás el arte de cuidar las palabras,  medir tus comentarios y sonrisas para no confundir a algún jefe o cliente; caso contrario te culparían de haberle dado a entender que deseabas ser acosada.

Ser joven y linda te estresa, porque tenés que andar por la calle como capurecita en un bosque plagado de lobos.  Tenés que elegir la ropa que usás, cuidar el modo de andar, evitar las zonas solitarias, avanzar a paso rápido si escuchás pasos muy cerca, caminar por el medio de la calle si ya se te hizo de noche o elegir el camino más largo para sentirte más segura.

Cuando envejecés y la belleza se opaca con el paso de la vida, te volvés casi invisible y podés darte el gusto de vestirte como se te dé la gana, aunque es tarde para aprender a caminar erguida y mirar al frente.  (El inconsciente aún puede traicionarte y acelerar tus latidos si hay dos o más varones con actitud sospechosa en la misma vereda.)  Sólo corrés riesgo si te cruzás con alguno que se subió a la droga y no distingue entre una vaca y una gacela.

Crees que pasados los cincuenta, ya podés relajarte, ser simpática y no medir las palabras porque total, ya nadie se confunde.  Entonces, te preocupás por tus hijas y por tus nietas, que a pesar de vivir en esta época de supuesta igualdad de derechos, siguen siendo víctimas de una sociedad machista y cada vez a más temprana edad.


Deberíamos levantarnos en armas, caminar como guerreras portando nuestros arcos y un arsenal de dardos castradores para hacer puntería en el colgajo correcto.  Deberíamos acosarlos, maltratarlos, perseguirlos y hasta abusar de ellos; aunque pensándolo bien, habría que tener estómago, porque el 90% de los acosadores están pasados en años o faltos de talentos.

Sea como sea: educando a nuestros hijos varones o comenzado la verdadera revolución, creo que sólo las mujeres podemos generar el cambio que esta sociedad necesita. El primer paso es siempre interno, amarse y respetarse tanto como para poder distinguir el amor verdadero y sanar nuestras relaciones.  Desde ahí podemos ser guardianas, ejemplos y guías de nuestros hijos y de nuestras niñas; para que nadie se confunda, para que ser mujer linda y joven no te estrese, sino que te haga feliz.



Susie ©
Susana Lorenzo ©
Octubre de 2016


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