Crucifixiones modernas
Me imagino la reacción de Jesús al observar cómo continuamos celebrando la Semana Santa sin haber aprendido la lección más importante: la enseñanza del Amor. Su misión de vida no fue dejar testimonio del martirio de su muerte sino la de sembrar la doctrina del Amor Divino. En uno de los mensajes del Oráculo de Reina Madre Divina en este tiempo de Semana Santa, Jesús nos dice: ¿Cuántas veces permitimos que la magnitud de la muchedumbre nos convenza sobre la justicia de un veredicto? Como si la naturaleza de lo verdadero dependiera del ruido de la proclama o el número de personas abucheando. ¿Cuántas veces en nuestra vida somos testigos impasibles de crucifixiones despiadadas que no contemplan compasión y parecen multiplicar rumores de origen desconocido? En las plazas de Galilea, en un pueblo, en un barrio o en un clan familiar, los numerosos pueden más que la minoría; los impíos acusan para conseguir favores de los romanos; los tibios esconden sus verdaderas inten...